Zambomba de Jerez en la calle
Un año más, como manda la costumbre y el corazón de la ciudad, se apagan las zambombas en las calles de Jerez de la Frontera. El eco de los villancicos se va quedando colgado en los balcones, mezclado con el olor a anís, a candela recién apagada y a pestiños compartidos sin prisa. Las gargantas, roncas pero felices, guardan silencio poco a poco, sabiendo que han cumplido con el rito. Durante días, las plazas y los rincones han sido escenario de encuentros espontáneos, de palmas sinceras y compases heredados. No hacía falta cartel ni hora: bastaba una zambomba, una botella sobre la mesa y las ganas de cantar para que la fiesta brotara. Vecinos y forasteros se confundían en un mismo coro, recordando que en Jerez la Navidad no se mira, se vive. Ahora queda el poso, la memoria caliente de lo vivido. Las calles vuelven a su ritmo cotidiano, pero algo permanece: la certeza de que, pase lo que pase, cuando diciembre vuelva a asomarse, también lo hará la zambomba. Porque en Jerez las tradicion...