Tarde de compás y verdad en la Peña Flamenca El Pescaero con Marta Cañizares
El pasado 21 de febrero, dentro del ciclo De Peña en Peña 2026, la Peña Flamenca El Pescaero volvió a convertirse en ese templo cercano donde el flamenco se respira sin artificios. A las tres de la tarde, con el murmullo de las mesas y el aroma de cocina casera aún flotando en el ambiente, comenzaba una actuación que dejó huella.
La protagonista fue Marta Cañizares, acompañada por su cuadro, en una cita que confirmó el sentido más auténtico del ciclo: llevar el arte a las peñas, donde el público escucha de verdad y el artista se mide sin distancia.
Desde los primeros compases se percibió la intención. Cañizares planteó un recorrido equilibrado entre profundidad y celebración. Hubo espacio para la sobriedad —con un baile contenido, de brazos medidos y mirada firme— y para la expansión festera, donde el cuerpo se abrió y el compás ganó vuelo.
Su zapateado sonó limpio, bien articulado, dialogando con la guitarra y sosteniéndose sobre un cante que supo arropar cada remate. No hubo exceso: cada llamada tuvo sentido y cada silencio estuvo cargado de tensión.
En el formato íntimo de la peña, el baile se vuelve conversación. Aquí no hay luces que distraigan ni escenarios elevados que separen. El público siente el golpe del tacón, escucha la respiración y acompaña con palmas naturales, no impostadas. Y eso se notó.
El cuadro que acompañó a la bailaora sostuvo la actuación con solvencia. La guitarra marcó con precisión y sensibilidad; el cante aportó quejío y aire; las palmas y jaleos empujaron los momentos de mayor intensidad. Fue un trabajo conjunto, de escucha mutua, algo imprescindible en espacios donde todo se percibe con mayor nitidez
Los cierres fueron celebrados con ovaciones sinceras, de esas que nacen sin protocolo. La cercanía permitió incluso intercambios de miradas y sonrisas entre artistas y asistentes, reforzando esa sensación de comunidad que define a las peñas jerezanas.
De Peña en Peña sigue demostrando que el flamenco necesita estos espacios tanto como los grandes teatros. En la Peña El Pescaero, la tarde se convirtió en un recordatorio de que el arte jondo crece cuando está cerca, cuando se comparte sin filtros y cuando el compás se vive desde dentro.
Marta Cañizares y su grupo firmaron una actuación honesta, vibrante y coherente con el espíritu del ciclo: flamenco con verdad, en casa y para los aficionados.
Fotos: Juan Romero Jaime, si comparte fotos no se te olvide quien esta detrás de la cámara, copyright.










































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